Se presentan varios trabajos, algunos inéditos, recién hechos, otros viejos, pero todos re-elaborados para esta exposición con un título con el que se pretende hacer patente la distancia intermedia entre la fascinación y la reserva, entre la presentación de hechos extraordinarios y los hechos familiares y reconocibles.
La pieza central, Calma chicha, es una mesa que cruza el espacio de la galería Valle Ortí con una fila de recipientes (garrafas, botellas de cocacola…) llenos de agua de manera que coincide el nivel del agua en todos, trazando un plano continuo. Calma chicha se refiere al mar en calma y se aplica a situaciones de quietud, pero no de una quietud apacible sino de una inacción malsana, hostil. Se está en calma chicha cuando se espera un movimiento que no llega, como los marineros que quedaban anclados en mitad del mar sin aire para sus velas.
Pero, y esto es un hecho del que solo podemos tener noticia por el lenguaje, el agua contiene una disolución de Myolastán suficiente para hacer efecto con un trago generoso. El Myolastán tiene como componente activo el Tetrazepan y es un potente relajante muscular de difícil acceso, de la lista negra de medicamentos por su uso contra la ansiedad y por ser altamente adictivo.
El trabajo de Fermín Jiménez Landa suele partir de la deslocalización del punto de vista en la realidad, buscando los posibles puntos de fricción entre los posibles planos de análisis. Suele partir de un enfoque científico, o más bien pseudocientífico, pero reubicado en el arte, buscando los puntos de proximidad con la poesía, la antropología o la política, con culturas periféricas y con nuevos elementos como la comida rápida americana o la comida rápida turca.
Esa amplitud inabarcable le lleva a manejar el conocimiento de manera no lineal basada en los hipervínculos siempre algo accidentales de internet, pero también de las conversaciones, los bulos y otros encuentros más propios de la calle: en palabras de David Armengol “Una obra en la que el esquema de ensayo y error implica que lo imprevisto o lo fallido no sea leído como un fracaso que desvirtúa una idea, sino más bien como una acción de incorporación procesal que le lleva a avanzar de manera desjerarquizada y libre hacia unos objetivos firmes que no dependen de una estructura delimitada”.
Hasta el 15 de mayo en la Galería Valle Ortí. C/ Avellanes, 22





